El día de mi muerte
Era un domingo tardío, mi rostro como de costumbre
sobresalía de la ventana que daba justo al frente de un prado,
lleno de arboles y una gran montaña en la que podía apreciar
el atardecer, así fue el día de mi muerte.
Un día tranquilo en el que podía sentir el calor del sol entrando
y el olor de la suave brisa, podía incluso escuchar el
aleteo de las pequeñas mariposas que volaban cerca, el día mi muerte,
todo transcurría de manera normal,
no hubo nada diferente nada mas que mi muerte.
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